En una sofocante noche de domingo de agosto de 1965, 56.000 personas viajaron en avión, automóvil, autobús, transbordador y tren subterráneo para llenar el Shea Stadium de Nueva York. No estaban allí para un juego de pelota, sino para un concierto de rock and roll, el audaz sueño del promotor Sid Bernstein. Ninguna banda había tocado jamás en un estadio de béisbol, y pocos creían que pudiera lograrlo, pero en esa gloriosa noche, The Beatles llenaron el Shea Stadium, rompiendo todos los récords de taquilla y asistencia existentes en la historia del mundo del espectáculo.